Rabí Eliezer ben Horkenus

Fuente: masuah.org

Rabí Eliezer ben Horkenus, fue uno de los más grandes sabios que tuvo el pueblo de Israel en todas las épocas.

Cuando era joven sin embargo, jamás había podido estudiar nada de Torá. Ni siquiera sabía decir el “Shma Israel”, el “Birkat Hamazón”, ni ninguna otro rezo.

Él era un joven grande y fuerte, y todos los días salía a arar los campos de su padre.

Sus hermanos araban la tierra de la planicie, donde ésta era llana y blanda, mientras que él lo hacía en la montaña donde ésta era dura y rocosa.

Un día, Eliezer se sentó en su casa y se puso a llorar.

Vino su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Es acaso porque tus hermanos aran la tierra blanda mientras que tu aras la rocosa que es más difícil de arar? No llores Eliezer, a partir de ahora tu también vas a arar la tierra llana.

Eliezer comenzó a arar en la planicie, más también cuando llegaba a su casa, lloraba. Se sorprendió su padre y le preguntó:

¿Por qué lloras Eliezer? ¿Acaso es porque te di para que trabajes en la planicie?
Le dijo Eliezer: No.
Le preguntó entonces su papá: ¿Y entonces por qué lloras?
Eliezer le dijo: lloro porque quiero estudiar Torá. Si puedo arar tierra rocosa, de seguro que tengo fuerzas suficientes para también estudiar Torá.

Se rió su padre de él y le dijo: ¿Quieres estudiar Torá? ¿Un muchacho grande como tú quiere estudiar Torá? Tú ya podrías casarte. Cuando tengas hijos, llévalos a ellos al colegio para que allí estudien Torá.

Lo miro seriamente Eliézer y le dijo: ¡Me iré a Jerusalén y estudiaré allí Torá con Rabí Iojanán ben Zakai!
Se enojó entonces su padre y enojado le dijo: tienes que arar absolutamente todo este campo. Hasta que no termines no recibirás nada de comida.

Horkenus pensó lo siguiente: Mi hijo Eliezer trabajará tan duramente la tierra que finalmente se olvidará de sus deseos de estudiar Torá.

Sin embargo, se levanto temprano Eliezer y aró todo aquel campo. Mas cuando termino de arar no se fue a su casa para pedir comida, sino que sin esperar ni un minuto más, se dirigió caminando hacia la ciudad de Jerusalén. En el camino no tenía lo que comer, ni tampoco dinero para comprar comida. Cada vez que sentía hambre, se ponía tierra en su boca y la masticaba, para así evitar sentir tanto hambre.

Llegó finalmente a Jerusalén y entró en el Beit Midrásh donde Rabí Iojanán ben Zakai enseñaba a sus alumnos. Se sentó Eliezer en un costado y escuchó. Sin embargo, no entendía nada de lo que hablaban, pues hasta ahora nunca había estudiado Torá. Comenzó entonces a llorar. Al verlo Rabí Iojanán ben Zakai se acerco a él y le preguntó: ¿Por qué lloras hijo mío?

Eliezer le contestó: lloró porque quiero estudiar Torá y entender como el resto de los alumnos entiende.
Noto Rabí Iojanán ben Zakai que él ya era un muchacho grande y no un niño que comenzaba a estudiar, y entonces le preguntó: ¿Acaso hasta ahora nunca has estudiado la Torá?

Nunca estudie hasta ahora absolutamente nada de Torá, le contestó Eliezer.

Entonces, le dijo Rabí Iojanán ben Zakai, te enseñare el “Shemá Israel”, el “Birkat Hamazón” y la tefilá. Le enseño Rabí Iojanán ben Zakai y Eliezer aprendió con gran ahínco todo lo que él le enseñaba, repasándolo varias veces hasta haberlo aprendido correctamente. Luego le enseño Rabí Iojanán ben Zakai más palabras de la sabiduría de la Torá, repasando Eliezer todo lo que estudiaba hasta que lo sabía a la perfección.

¿Y quién le dio de comer a Eliezer? Nadie le dio de comer, y él mismo se había olvidado de que tenía hambre, de tanto que le gustaba estudiar Torá. Así pasaron ocho días.

A causa del hambre y de la tierra que había comido, comenzó a salir un desagradable olor de boca de Eliezer. Cuando Rabí Iojanán ben Zakai percibió aquello, se dio cuenta que eso se debía a que hacía mucho tiempo que no entraba nada en su boca.

Se dirigió entonces a Eliezer y le dijo: Eliezer, ¿has comido hoy? Se avergonzó Eliezer que ya hacia ocho días que no comía nada, y por vergüenza calló.

Le insinuó Rabí Iojanán ben Zakai a dos de sus alumnos que vayan en silencio a la casa donde Eliezer dormía por la noche y que le pregunten a la dueña de casa si le dieron allí de comer.

Fueron hasta allí y le preguntaron a la dueña de casa si su amigo Eliezer había comido allí.

Ella les dijo: no , pensé que comía con Rabí Iojanán ben Zakai. Sin embargo, vi que saco algo de una bolsa y lo masticó. Quizás allí hay comida. Abrieron la bolsa y vieron que allí había solamente tierra.

Regresaron al Beit Midrash y le contaron esto a Rabí Iojanán ben Zakai, quién inmediatamente llamó a Eliezer y le dijo: Eliezer hijo mío, así como salió mal olor de tu boca por no haber comido ocho días, que así te hagas un buen nombre que sea mencionado por boca de todas las personas, pues ciertamente te has de transformar en un gran sabio. A partir de ahora siempre habrás de comer en mi mesa.

Se quedó Eliezer con Rabí Iojanán ben Zakai estudiando Torá día y noche, hasta que logró transformarse en un gran sabio del pueblo de Israel.

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